martes, 17 de enero de 2017

Ser "Activista" de la Educación en la que Crees.

Me apasiona mi trabajo. Llevo tiempo dedicada a acompañar a padres, madres, profesorado en todo lo referido a la educación emocional. Y cada vez veo con más entusiasmo, que la inquietud por esta nueva forma de mirar la educación crece a pasos agigantados. Son muchas las voces de personas que apuestan por otra forma de educar, las salas se llenan cuando el tema es la inteligencia emocional en el aula, la innovación educativa, el desarrollo del talento...o cuando una persona de referencia en el mundo educativo llega a tu ciudad, escribe libros, imparte conferencias. 

Esto es fantástico, es una forma de inspirar, motivar, conocer, estupenda y necesaria. Y esto no es mas que un comienzo, lo demás, lo importante, depende de lo que estamos dispuestos a hacer, experimentar, después de haber leído ese libro tan bueno, escuchar esa conferencia tan inspiradora, descubrir cosas de mí que no sabía...En el momento en el que estamos, ya no podemos quedarnos como meros observadores o "asimiladores" de información. No podemos quedarnos tan solo con la etiqueta o con eso de "si,si,la educación tiene que cambiar", "hay que innovar"...el "hay que" es impersonal, hace que echemos balones fuera y nos lleva después al "si, pero..:". Y con eso nos quedamos. Seguimos acudiendo a eventos, conferencias, libros, escuelas de padres, formaciones para profesorado...y aunque cada vez somos mas, nos falta algo. Nos falta convertirnos en auténticos "activistas" de aquello en lo que creemos y que queremos. Pasar de ser personas pasivas, observadoras críticas de la realidad, a protagonistas, agentes de cambio. Si, tú, que me estás leyendo, tú que crees que como padre, madre, que en tu cole, no puedes hacer nada porque " es imposible", "no te dejan los de arriba" "es un cole grande y esto solo se puede hacer en coles pequeños" "tienes compañeros que pasan de esto" "no tienes tiempo" "no sabes cómo..." tantos y tantos "es que..."

Para mí ser "activista" no significa salir a la calle a protestar y ya está, el activismo que yo quiero, empieza en lo simple, en lo pequeño, en el día a día, empieza contigo, en ti. 

Ser activista significa que cuando algo de lo que hayas escuchado, leído, esa propuesta que alguien ha lanzado, esa palabra que te ha tocado, que por alguna razón sientes que va contigo, cuando estés en casa con tus hijos/as, o en clase con tu alumnado, la pongas en práctica. Y empieces por ti. 

Cuando eso que sientes que va contigo, eso en lo que crees, que nace de ti y te habla cuando eres capaz de conectar con tu sentir, lo pones en práctica, lo experimentas, empiezan a pasar cosas "mágicas". 

Muchas veces, en las formaciones que imparto, veo personas que conectar y sintonizan con lo que estoy compartiendo, otras se mantienen más incrédulas, o no comparten nada de lo que exponemos...y yo sólo les digo que no me crean, que tan sólo algo de lo que les ha llegado, lo experimenten, lo pongan en práctica, porque lo sienten así, sin expectativas. 

Esto es para mí lo más importante, la acción, experimentar. Cada vez que miramos hacia dentro, que comenzamos a hacer algo diferente, sentido, estamos dándonos la oportunidad de conocernos un poquito más, de expandirnos, de aprender. 

Y no sólo eso, sino que además estamos comenzando a ser personas autoreferentes, siguiendo nuestro sentir, lo que yo siento que tengo que hacer, lo experimento en mi cuerpo, me hago cada vez más sabio/a...y esto hace que empiece a empoderarme, a sentir que puedo, que sí está en mi mano cambiar, que realmente el cambio viene de mí y que soy mucho más poderoso/a de lo que creía. 

Solo hay que vencer dos obstáculos

Uno de ellos es el de no creer en el valor de lo pequeño, de esas acciones sencillas, esas que forman nuestro día a día, esas tienen un valor incalculable. Pero nosotros nos dejamos cegar y nos quedamos obnubilados mirando los grandes proyectos, esas personas que consideramos sabios...esos sí son proyectos, esos sí que saben...qué voy a hacer yo ¡quién soy yo...o mi colegio...comparado con ellos/as!

Si hay algo que limita y hace pequeña a una persona es la comparación. Compararnos con los demás nos paraliza, nos debilita, nos deja fuera de juego. No hemos venido a este mundo a ser como nadie, no somos ni más ni menos que nadie, somos. Y si en vez de estar mirando a otros lados fuera (conocer experiencias y personas que hacen cosas que nos gustan es fantástico, nos inspira, pero no podemos dejar que nos paralice o nos haga sentir incapaces) comenzamos a mirar dentro, ahí vamos a encontrar el camino que nos hará brillar, avanzar, compartir, colaborar, nos dará la fuerza necesaria para ponernos en camino hacia aquello en lo que creemos. 

El otro obstáculo es la inmediatez. Queremos resultados ya, inmediatos. Sino es que esto no vale, no me sirve. Es este mundo de prisas y resultados ya, no tiene cabida este activismo que te propongo. Y es que este es un camino de confianza, que se va construyendo a pulso, día a día, avanzando, cayendo, volviendo a levantarse. Es un camino donde los pasos que se dan se vuelven sólidos, confiados y se dan a un solo ritmo, el tuyo. Para luchar contra esa inmediatez que nos saca hacia fuera, que nos aleja de los sueños (aunque en un principio parezca todo lo contrario) toca vivir con humildad, confianza, mirada interna y mucho, mucho Amor. 

¿Comenzamos a ser activistas? en lo pequeño, en lo sencillo, en lo importante. 

Si te animas a ello, me encantaría que lo compartieras conmigo. 
GRACIAS!

sábado, 26 de noviembre de 2016

EDUCACIÓN EMOCIONAL EN EL AULA… PRIMERO YO

Artículo publicado por INED21

Cada vez son más los recursos que nos llegan para trabajar con niños y niñas de educación emocional en el aula. Vivimos en un tiempo de acceso a todo tipo de información con sólo un click. Afortunadamente, cada vez con más fuerza surge la necesidad de trabajar con nuestros niños y niñas la gestión emocional. Profesorado, padres y madres, profesionales de la educación, apuestan por una educación emocionalmente inteligente. 

Cuando comienzo cursos y formaciones en este ámbito y pregunto para qué están aquí, qué les ha movido a participar en este curso dedicado a la gestión emocional, la respuesta más común es:
"Vengo para aprender herramientas para trabajar las emociones con el niño/a en el aula, en casa…o en el caso de adolescentes, para ver cómo hacer que cambien de actitud, comportamientos."
Queremos enseñarles inteligencia emocional, siendo meros transmisores de información en muchas ocasiones, sin que eso nos salpique, porque los que necesitan eso para el futuro son ellos/as."
Pero...
  • ¿Cómo voy a enseñar a un niño/a qué es la tristeza si yo la juzgo como negativa y cuando le veo triste lo que hago es buscar soluciones para que deje de estarlo?
  • ¿Si los “errores” para mí significan fracaso, cómo voy a enseñarle a ese alumno/a que en realidad son oportunidades?
  • ¿Cómo voy a sostener la rabia de esos niños en el patio si no me permito sentirla yo porque me han enseñado que la rabia es mala y hay que controlarla y hago que se den un abrazo y listo o les llevo al rincón de pensar?
  • ¿Cómo voy a sentir el miedo que se esconde detrás de unos padres frustrados que vienen a hablar de su hijo/a, si me quedo en las acciones y no sé escuchar su sentir y en vez de encontrar puntos de encuentro, me alejo cada vez más viendo al niño/a como el verdadero problema?

PRIMERO NOSOTROS

Ponemos el foco en el niño o niña, adolescentes, saltándonos un paso inicial y totalmente necesario: hacer ese trabajo primero nosotros/as mismos. Para poder acompañar y comprender al otro y a su mundo emocional, necesito primero hacer un trabajo de autoconocimiento y comprensión conmigo mismo/a.
Cuando comenzamos a tomar consciencia de lo que nos sucede a nosotros/as, de nuestras emociones, de los mensajes que éstas nos traen y para qué están ahí, cuando aprendemos a validarlas y dejamos que a través de ellas nos conozcamos mejor, entonces comienza un camino de autoconocimiento y comprensión, el único que hace posible la compasión y la comprensión primero hacia mí y como consecuencia hacia los niños y niñas a quienes acompañamos día a día.
Lo que hace válida una herramienta es la esencia de quien la utiliza. Porque en este camino de las emociones, podemos hablar y reflexionar sobre las emociones, podemos contarles a nuestros niños y niñas donde se siente la tristeza, la rabia, el amor, la alegría…es un pasito también necesario, la conciencia corporal.

El primer requisito es verme y sentirme yo  
 
COHERENCIA 

Los niños y niñas, aprenden de nosotros. Y no tanto de nuestras palabras, de lo que les decimos, me atrevería a decir que ni siquiera de nuestras acciones, porque nuestros alumnos/as, son expertos en coherencia. Si nuestro sentir, no está alineado con lo que decimos y hacemos, no se lo creen, no les cuadra. Y el lenguaje desde el cual nos comunicamos los seres humanos a nivel más profundo, es el lenguaje de las emociones.

Por eso ahora hay tantas personas apostando por la educación emocional. Porque en realidad se trata de aprender una nueva forma de comunicarnos, de sentirnos, de comprendernos. En este nuevo lenguaje, los niños y niñas, nos llevan ventaja. Ellos/as están mucho más cerca de ese sentir, de acoger las emociones sin juicio, están en sintonía con su SER, nos toca a nosotros hacer ese camino de conexión emocional. Darnos espacio para sentirnos, acoger las emociones sin juicio, comprendiendo que cada una de ellas tiene un potencial, un mensaje para mí, al cual sólo llegará si permito que la emoción esté conmigo, me acompañe.

Convertirme en un observador/a neutral de esa energía que está en mi cuerpo, mirarla, acogerla…y dejarla ir. Comprender que esa emoción es tan sólo consecuencia de viejos programas (creencias) que están instalados en mí, que muchas veces (la mayoría) ni soy consciente de ellos, que hacen que interprete un comportamiento, una actitud, una palabra, un gesto, de una forma u otra.
Se trata de aprender una nueva forma de comunicarnos, de sentirnos, de comprendernos


DESPROGRAMAR CREENCIAS

Si aprendo a vivir así mis emociones, se producirá un cambio esencial en mi forma de relacionarme no sólo con mi alumnado, también con mis compañeros/as, pareja, hijos…Y es que dejaré de tratar de cambiar al otro para que no “me haga sentir” enfado, rabia, celos, frustración…el foco ya no está en el ese alumno “revoltoso”, que me “revienta” la clase, en la “desobediente” de mi hija, en mi compañera “insoportable”… tantas y tantas etiquetas (juicios)… sino que podrás ver que esas emociones que sientes al interactuar con estas personas, son viejos programas que se activan en ti, con el fin de que los vea, los observe, se desprograme.

Y no hay nada más liberador que desprogramar creencias que nos hacen sufrir. Vivir cada vez más libres de creencias (juicios) nos hace ser personas genuinas, abiertas al momento presente, al aquí y ahora. Esta es la verdadera libertad. Un camino precioso, en el cual podemos ver a nuestros alumnos, alumnas como un regalo, son una plataforma para que yo me vea, me sienta, me comprenda.

REFERENTES EMOCIONALES

Este es un trabajo sin recetas mágicas, un entrenamiento del día a día, de mirar hacia dentro, de sentirnos y acogernos. Es un camino de aceptación, de conexión, de autenticidad y autoreferencia.
Una vez que estoy ahí, que me he dado espacio para sentirme, que acepto sin juicios mi emoción, podré acercarme al alumno/a, darle su espacio para que él o ella también se sienta…y así surgirá una comunicación auténtica, empática.

Nuestros alumnos/as, no necesitan profesores perfectos, sino reales, coherentes. La mirada y el foco en la gestión emocional no tiene que ir hacia el niño/a, sino hacia dentro, hacia nosotros/as y nuestro sentir. No digo que no sea precioso y necesario enseñar a nuestros niños a meditar, respirar, sentirse, gestionar sus emociones…lo que sí creo desde el corazón es que este trabajo es muy poco eficiente si primero no hago ese trabajo conmigo.

Y esta es para mí la verdadera REVOLUCIÓN en las aulas. Que tanto profesorado, padres, madres, comiencen a sentirse, a vivir desde su sentir, acogiendo sus miedos, frustraciones, culpas, decepciones… siendo referentes emocionales para los niños y niñas a los cuales acompañan día a día.
Porque desde ahí se estarán convirtiendo en Protagonistas de su vida, de su profesión, siendo coherentes, genuinos. Es entonces cuando desaparece el victimismo, el “si pero”, “el sistema no me deja…”, es entonces cuando cerramos la puerta de nuestra aula y comenzamos la revolución, la del sentir, la de conectar con el otro ser humano que está a mi lado:

Más bajito y no por ello menos Ser que yo


viernes, 18 de noviembre de 2016

Mujeres perfectas o Mujeres Reales

Hace unos días, estuve en una entrega de premios. Se premiaba a mujeres rurales que por su trayectoria profesional, han sido y son referentes en nuestra provincia. Mujeres que han desarrollado su labor en el medio rural, en sectores como la agricultura, el campo, la empresa familiar, el deporte...Si ya de por sí este ámbito es complicado, ser mujer supone un "plus" en muchas ocasiones. 

Y este parece ser un tema que ya no está muy de moda en nuestra sociedad. Después del boom de los planes de igualdad en las empresas, del fin de las subvenciones, parece que este es un tema ya superado. Siguen existiendo figuras o representantes de igualdad, pero es más como algo representativo, están ahí y ya está. 

Sólo después de casos de violencia de género, de noticias que salen en los medios y nos ponen los pelos de punta, más allá del 25 de noviembre y el 7 de marzo, de alguna que otra encuesta que se escapa cada año acerca de las adolescentes y de cómo entienden "el amor"...se nos olvida esto de la igualdad. 

Una de las mujeres premiadas, era una chica llamada Laura Urbina, ingeniera técnica aeronaútica, investigadora, como os imaginaréis, en un entorno bastante complicada para una mujer, Ella misma lo contaba. Existen aún muchos prejuicios, creencias, acerca del papel de la mujer en ciertos sectores aún dominados por lo masculino. 

Dijo una frase que me encantó: "Es tiempo de quitar la corona de princesa a nuestras niñas y ponerles la armadura, para hacer niñas valientes,que vayan a por sus sueños, los que sean"

Y este trabajo sigue siento aún muy necesario. Trabajar el liderazgo de las niñas, adolescentes, mujeres en general, acompañándoles a verse, a romper con creencias que aún están en nuestro inconsciente colectivo acerca de lo que es ser mujer...es decir "buena madre", "buena profesional" "buena amante" " buena pareja" "buena hija"...esas creencias distorsionadas que siguen ahí, que hacen que no nos atrevamos a ir a por nuestros sueños porque detrás hay mucha culpa, que la ansiedad domine nuestro día a día porque creemos que tenemos que llegar a todo para ser "buena..."

Que no nos permitimos sentir emociones que brotan de lo más profundo de nuestro ser porque eso nos genera aún mayor malestar,culpa, vergüenza...si, esas emociones que en ocasiones creemos que salen de lo más oscuro de nosotras como madres, por ejemplo, como llegar a pensar y sentir que si pudiese elegir ahora no habría tenido hijos, que nos gustaría desaparecer por unos días, sentimientos que catalogamos de egoístas (no querer ser madres), vergonzosos, malos...juicios y juicios que si además nos atrevemos a decir, nos miran y nos sentimos juzgadas. 

Pues el liderazgo y la autorefencia, el trabajo con las niñas, adolescentes, con las mujeres comienza por ahí. Por acompañarlas a ser mujeres REALES, coherentes con su sentir. Mujeres autoreferentes que van rompiendo con esas creencias distorsionadas y que se permiten sentir, hacer, vivir desde la autoreferencia, conectadas a ese sentir, que lo acogen sin juicio. Son mujeres coherentes, con autoridad, líderes de su vida, que como dice Laura, sueñan, tienen proyectos de vida y van a por ellos, sean los que sean. 

Y este es un trabajo de cada una de nosotras. Como madres, educadoras podemos comenzar ese trabajo desde ya. ¿Cómo? primero haciéndolo con nosotras mismas, comenzando a sentirnos y acoger ese sentir, escucharnos, respetando mis necesidades, viviendo en autorefencia. Desde ahí podré acompañar a otras mujeres a hacer lo mismo, a conquistarse, sentirse, liderar su vida. Así estaré además educando a otras mujeres en responsabilidad, esto es un trabajo  de todas (y todos), con una misma, desde el ejemplo, acompañando, acogiendo, sintiéndonos, respetando ese sentir. 

No echemos balones fuera, no dejemos que sean los demás quienes trabajan esto con nuestras niñas y adolescentes. Como madres, profesoras, personas referentes en la vida de estas niñas, mujeres, comencemos por mirar hacia dentro y ser nosotras su mejor ejemplo de autoreferencia y liderazgo. 

Eso es lo que yo vi en estas mujeres premiadas. Una niña, adolescente, mujer, que sabe respetarse, sin juicios, que se ama, se siente, es una mujer Real, Coherente. 


No necesitamos mujeres perfectas, sino mujeres REALES, coherentes con su sentir, Autoreferentes, líderes,

 Eso, necesitamos. 

sábado, 22 de octubre de 2016

Sentirse Sentidos




En el artículo anterior os hablaba de la importancia de sentir nuestras emociones, de escucharlas y dejar que drenen hasta el final. Esto a veces es difícil de entender y hoy quiero ponerte un ejemplo con algo que me sucedió con mi hijo hace unos días.


A Matías le encanta el deporte, todo tipo de deportes, especialmente si hay una pelota de por medio. Una tarde de viernes, me dijo que quería bajar al parque de al lado de nuestra casa para jugar un rato al balón. Él bajó encantado y al rato Valeria, mi otro hija y yo bajamos también. Allí estaba él, jugando al futbol con un grupo de niños del barrio, emocionado, concentrado en el juego. Yo acompañaba a Valeria en los columpios y observaba a Matías jugar. Me gusta mucho observar cómo juegan, sin mediar, tan sólo mirarles. Y en un momento, uno de los niños metió un “golazo” según ellos, pero se anuló porque Matías estaba en el campo contrario (o algo así, el hecho no es relevante). Entonces uno de los niños del equipo de Matías fue hacia él y le gritó no sé que cosas, yo estaba más lejos. Matías se quedó como una estatua, intentó decir algo pero apenas se movió. Se quedó ahí, parado, asustado. 

En ese momento, si me dejo llevar por la emoción, hubiese ido donde Matía y le hubiera sacado de allí o hubiera dicho unas cuantas cosas a ese niño que había hecho sentir así a Matías…eso hubiera sido ser reactiva a mi emoción. En vez de eso me permití escuchar lo que yo estaba sintiendo. Era frustración, pena, rabia…Podía haber ido con ese sentir y esa energía hacia el niño o hacia Matías y lo que hubiera llevado conmigo es esa energía de rabia, frustración (pero el resultado desde esa energía hubiera traído carga y malestar).  Elegí escucharme, sentirme, respirar y cuando sentí que era el momento, con calma y centrada sólo en Matías, los demás ya me daban igual, me acerqué a mi hijo y le pregunté: Matías, estas bien? 

El seguía ahí, en el campo, parado, asustado, vino hacia mi, se sentó en mi pierna y comenzó a llorar. En ese momento, yo podía haberle consolado, podía haberle dicho que no pasaba nada, que ese niño había sido tal o cual, podría haberle distraído para que mirase a otro lugar desde el sentido del humor, haciéndole alguna gracia, diciéndole que en el fondo era el mejor…miles de cosas para evitar que siguiera sintiendo esa emoción incómoda, especialmente para mi, para nosotros los adultos a los que nos han enseñado a buscar soluciones cuanto antes para dejar de sentir esas emociones que etiquetamos y juzgamos como "malas, tóxicas"

Pero me quedé ahí, abrazándole, sosteniéndole. Con serenidad, sabiendo que Matías tan sólo estaba drenando esa química, que eso era lo único que podía hacer por el: brindarle esa espacio para que se sintiera sentido, acompañado en esa emoción que había surgido en el.

Fotografía de Elena Shumilova.
Cuando terminó de llorar se quedó sentado a mi lado. Yo le pregunté si quería que hablásemos de lo ocurrido, me miró y me dijo “mami ¿juegas conmigo un partido de baloncesto?”  Así Matías conquistó otra estrella de su universo, se sintió sentido, respetado, comprendido, acompañado y no hay nada que fomente más la autoestima de un niño/a que unos padres validen su sentir, validen lo que ES y SIENTE en cada momento.

martes, 17 de mayo de 2016

Emociones: la llave para la conquista de nuestro Universo y el de nuestros hijos/as

 

No nos han enseñado a sostener emociones. En este mundo en el que necesitamos etiquetar todo lo que pasa, lo que nos pasa, también hemos puesto etiquetas a lo que sentimos. Las emociones las juzgamos (al fin y al cabo eso es una etiqueta, un juicio) como “buenas” (alegría, entusiasmo, tranquilidad, cariño, ilusión…) o “malas” (rabia, tristeza, frustración, miedo, decepción, desilusión…) incluso “tóxicas” (envidia, celos, culpa…). Todas ellas, todas, son tan sólo química que se desencadena en nuestro cuerpo como consecuencia de cómo interpretamos lo que nos ha sucedido en ese momento. Los pensamientos, creencias que están instalados en nosotros son ese mapa desde el cual vamos interpretando todo lo que nos sucede.

Hay creencias de las cuales somos conscientes que están ahí, se han ido formando en nosotros desde que nacemos, vienen de las interacciones con nuestros padres, del colegio, la sociedad en la cual vivimos…todo ello hace que vayamos interpretando, juzgando, lo que nos va sucediendo en nuestra vida. Pero esta parte consciente es tan sólo un 5% de lo que somos. EL otro 95% está formado por creencias inconscientes que son las que realmente dirigen nuestra vida y generan en nosotros/as ante acontecimientos que nos suceden, emociones que muchas veces no alcanzamos a entender porqué se producen.  Estas creencias forman parte del pasado, todas ellas, con lo cual no nos permiten vivir actualizados, sino que  hacen que vivamos anclados al pasado, a lo que ya fue. Y así nos pasamos la vida queriendo ser auténticos, genuinos. Pero esto sólo podremos hacerlo, si conseguimos vivir más allá de esas creencias obsoletas, actualizándonos en cada momento, resignificando esto que nos ocurre en este instante, dándole un sentido genuino, basado en el momento presente, no es creencias pasadas, antiguas.

Somos un universo del cual tan solo hemos conquistado unas cuantas estrellas. Y ¿sabes cual es la llave para seguir la re-conquista? Las emociones. 

Son ese hilo conductor que si somos capaces de seguir nos llevará a esa creencia antigua, obsoleta que está marcando y creando en mí ese estado de contracción, esa química en mi cuerpo. Eso son las emociones, química. Con lo cual, toda emoción, cuando es validada, escuchada, me convierte en conquistador/a de otra estrella más en mi universo. Esa estrella o creencia inconsciente saldrá a la luz, me permitirá ver desde dónde estoy interpretando lo que sucede y desde ahí, dar al botón de “actualizar” para resignificar desde mi verdad.

Por eso, cada vez que en vez de atrevernos a conquistar una emoción, sintiéndola hasta el final, buscamos soluciones para dejar de sentir eso que etiquetamos como “malo” o “tóxico” nos estamos quitando la posibilidad de seguir descubriendo estrellas de nuestro universo. Estamos  evitando vivir actualizados en el aquí y ahora y esta es la única forma de ser seres auténticos y genuinos.

Cuando como padres o educadores queremos trabajar con nuestros hijos/as la inteligencia emocional, tenemos que ser conscientes de que el primer paso, el más importante es aprender a sentir, a acompañar nuestras propias emociones. Sólo así nos comprenderemos mejor, experimentaremos la importancia real de acompañar las emociones, sin dar soluciones, sin buscar salidas de urgencia para evitarlas, y comprobaremos en nuestra piel lo que significa sentirse sentido, respetado, escuchado. Y sólo desde esa comprensión, podremos acompañar a nuestros hijos en su sentir, le estaremos brindando la plataforma para permitirle Sentir-se, para que él o ella también comience a conquistar las estrellas de su propio universo.

¿Quieres acompañar tu emoción? 

1.       Conecta con tu respiración y escucha lo que está ocurriendo en tu interior 
2.       Expresa lo que estás sintiendo, pon palabras a esa emoción 
3.       Permítete escuchar la emoción, déjala drenar, salir, hasta el final 
4.     Cuando la intensidad de la emoción baje y tu respiración vuelva a ser normal, desde ese estado de quietud, puede que sea momento de tirar de ese hijo…y conquistar estrellas.

Conectar para Conectarles.



Hoy comienzo una serie de artículos en los que quiero compartir contigo lo que voy aprendiendo como profesional dedicada al mundo del coaching, a acompañar a padres, madres, profesores durante un tiempo ya largo, como alumna siempre abierta a aprender y experimentar y sobre todo, quiero compartir contigo mi experiencia como madre de Matías, de 6 años y Valeria, de 4. 
Durante este tiempo he observado que hay un punto de inflexión en mi vida y que de manera absoluta está cambiando mi forma de vivir la maternidad, del que hoy quiero hablarte. No ha sido un momento puntual, ni ha ocurrido así de repente, sino que es algo que poco a poco va sintiéndose con mas fuerza en mi interior y esto está haciendo que mi forma de vivir, de actuar, de ser, esté cambiando. 

Ese punto de inflexión tiene que ver con un cambio de paradigma: Vivir conectada a mi Ser. 
Y es que la función más grande que tenemos como madres y padres con respecto a nuestros hijos e hijas es conectarnos, para ayudarles a ellos y ellas a conectarse. ¿Qué quiere decir esto? 

Conectar con una misma significa vivir desde la coherencia, la autenticidad, la autoridad que da ser soberanas de nuestra vida. Significa dejar a un lado creencias que nos limitan, que están instaladas en nosotras de manera incluso inconsciente, pero que determinan y nos llevan a actuar de forma que nos hace ser incoherentes con nuestro sentir, con aquello que realmente somos. Vivimos víctimas de creencias que vienen incluso de un inconsciente colectivo que nos hace creer que ser buena o mala madre es esto o aquello, que una madre debe de ser... (Seguro que se te ocurren miles de cosas), y si no somos conscientes de toda esta programación instalada en nosotras, lo que llega después es la culpa. Nos sentimos culpables por amarnos y poner nuestras necesidades por delante incluso de las de nuestros hijos e hijas, por tener un proyecto profesional que implica horas de trabajo que deberíamos dedicar a nuestros hijos/as o por no estar trabajando y entonces sentir que no valemos, que estamos desperdiciando nuestra vida...Tantas y tantas creencias que sólo traen culpa, frustración, miedo a no ser perfectas (o como los demás dicen que es la perfección) al qué dirán si no seguimos el camino establecido y nos salimos de lo bien visto.

Conectar significa dejar todo esto de lado y recuperar nuestro poder personal. Conectar supone vivir conforme a nuestro sentir. Cuando conectamos con nuestro Ser, comenzamos a sentir que sí sabemos, que más allá de creencias y condicionamientos, lo que yo necesito en este momento, sólo yo lo sé. Que lo más importante para vivir con autenticidad y coherencia, para ser una madre real (no perfecta) es seguir lo que mi corazón me dice. Eso implica valentía, coraje y amor. 

Cuando somos capaces de hacer esto, de acompañar a nuestros hijos e hijas desde nuestra conexión, empoderadas, estamos mostrándoles y enseñándoles a ellos y ellas a hacer lo mismo. Todas las respuestas que necesites están dentro de ti. Es verdad que hay muchas veces en las que como madre o padre puedes sentirte perdido y no sabes qué hacer con tu hijo e hija, te apoyas en libros que te dicen lo que hacer en estos casos, buscas opiniones de expertos, acudes a artículos en internet... esto puede ayudarte...y no hay fórmulas mágicas, ni aplicables a todos por igual. Existen momentos únicos, personas únicas, situaciones concretas que no tendrán fórmula que aplicar. Lo importantes es que en ese momento conectes con tu grandeza, sientas tu poder, te sientas y desde ahí, desde esa conciencia de lo que en ese momento está sucendiendo, buscando claridad con respecto a lo que en ese momento quieres con respecto a tu hijo e hija, actúes.
Esa acción será coherente, auténtica. Ni mejor ni peor. Será una acción que llevará un pulsar energético al que tu hijo e hija responderá. Y te aseguro que si esa energía es coherente, auténtica, poderosa, la respuesta de tu hijo o hija también lo será. Le estarás enseñando el mayor de los poderes, el de conectar con su poder y dar alas a su grandeza. 

Tu hijo, hija, no necesita una madre o un padre perfecto, sino Real, Coherente, Conectado a su sentir, a su grandeza. 

¿Comenzamos este viaje? ¿Me acompañas?